
Por Pablo Bello
Grand Rapids, MI (tiempolatin.com).- La lotería, los castillos, los buñuelos y los juegos llegan a la feria de San José y por unos días la colonia se alegra, las familias se pasean por la cuadra frente a la iglesia.
Mis hermanos y la tía Luz con su rebozo juega a la lotería y nos ganamos unos pesos que luego perdemos, pero es divertido, aunque llegue el diablito y se lleve nuestro dinero, y esos son los gitanos mexicanos, los dueños de los puestos que traen la alegría a los habitantes de las colonias por unos días.
Hace frío y hay que estar bien abrigado, las calles son anchas y mi abuela me lleva de la mano.
En esa misma iglesia de San José se casó Nachita con Luis, y el abuelo decía que nunca hay que divorciarse porque la cruz sigue rodando.
En ese barrio pasé mi infancia, aunque nunca nos dejaban salir porque al lado había una vecindad que le llaman la trampa, según Luis, y desde la azotea de mi casa se ve la pobreza, parece una ciudad perdida, y hay niños que dicen malas palabras y tienen la ropa sucia.
Desde mi azotea se ven los pequeños cuartos de la vecindad, la trampa, donde viven familias enteras y plásticos que cubren las viviendas, a mi tío ya lo han asaltado algunos residentes de la trampa.
Caminando hacia una de las esquinas se ve la gran avenida Niño Perdido desde donde se ve uno de los majestuosos volcanes, creo que es el Iztacihuált, y más adelante están el mercado Hidalgo en donde la abuela nos compró los números de las camisetas para jugar en la escuela.
En la otra esquina está Bolívar que te lleva al centro de la ciudad.




