Por Pablo Bello
Grand Rapids, MI (tiempolatin.com).- Veníamos del velorio y ya era de madrugada, me acosté y mi hermano seguía jugando con mi amigo Tono, el temblor empezó como a las 7 a.m. Un cuadro que estaba frente a la cama se vino encima pero de milagro no se rompió el vidrio.
Las paredes parecian de chicle porque se movian por el temblor y tronaban por dentro, como si estuvieran huecas por dentro y tuvieran piedras adentro desgajándose, mi hermano tomaba las cosas que se caían de la repisa, para volver a ponerlas de vuelta en su lugar, unas macetas que colgaban del techo aventaban tierra cuando se movían como un péndulo y después se movían en círculo.
El terremoto parecía interminable, pero acabó después de unos minutos, nos volvimos a acostar porque en La Ciudad de México, los temblores son comunes, todos los años hay un temblor fuerte, el de 1985 fue un terremoto, pero por la costumbre no nos alarmamos tanto, como a las 11 o 12 del día se escuchaban las ambulancias por toda la ciudad, y no había electricidad.
Un radio de pilas nos sirvió para escuchar todas las tragedias desencadenadas por el terremoto del 85, varios hospitales como El Juárez, El Centro Médico y otros se habían derrumbado, los edificios multifamiliares de la Roma también se habian caído, junto con otros edificios, muchos lugares de la ciudad se habían convertido en un montón de escombros.
Mi hermano Alberto y yo fuimos caminando al Hospital Juárez que está en el centro de la ciudad, en la Calzada de Tlalpan en San Antonio Abad vimos los talleres de las costureras que se habían derrumbado, había decenas de personas atrapadas en los escombros, una de las torres de Pino Suárez tambien se habia caído.
Cuando llegamos al Hospital Juárez la escena era desoladora, el hospital en donde me habían operado del brazo para ponerme unas placas de metal para componer una fractura de huesos estaba convertido en escombros, los más de diez pisos estaban amontonados como un sandwich gigante esparcido con cadáveres atrapados en los escombros.
En la calle Jesús María que conduce al hospital había un camión de construcción lleno de muchachos de los barrios humildes de la ciudad con picos y palas, no se quién les había dicho que se fueran del hospital pero había decenas de jóvenes en dentro del camión.
Los jóvenes de los barrios más humildes de la ciudad estaban ayudando a remover escombros y a rescatar personas atrapadas en los escombros de las decenas de edificios derrumbados por toda la ciudad.
Al gobierno no le gustó que los jóvenes de los barrios más humildes se organizaran y hubieran salido a ayudar a la gente atrapada en os escombros de los edificios derrumbados, y no sólo jóvenes, también había gente mayor, pero los jóvenes eran mayoría.
Los jóvenes sobre todo y la ciudadanía había tomado control de la situación en unas cuantas horas, se había corrido la voz del desastre y en cuestión de horas se habían organizado y ya estaban ayudando con comida, agua, picos y palas.
El gobierno no sabía qué hacer, la ciudadanía había tomado control del centro de la ciudad, había que controlar a esos jóvenes y ciudadanos que se habían organizado y mandaron a la policía y al ejército a intimidarlos, aunque la policía no sabía qué hacer y el ejército menos, su objetivo era intimidar a la ciudadanía que se organizaba.