Por Pablo Bello
Grand Rapids, Mich. (tiempolatin.com).- Los conocí en Visalia, California se llamaba Juan Pérez, le dio una infección en un ojo por trabajar en los campos de cultivo del Valle de San Joaquín, y perdió un ojo.
Pérez era originario de Guatemala y vivía en Visalia en un cuarto que rentaba, trabajaba en el campo junto con su hermano, un día nos dieron la noticia de que su hermano no había regresado de los campos de cultivo, todos pensaron que se habí perdido, y cuando lo encontrron estaba muerto.
Pérez había muerto de deshidratación en las altas temperaturas del Valle de San Joaquín, su hermano me dijo: “Cómo regresar así”, cuando lo entrevisté, el hermano de Pérz se refería al hecho de que su hermano había perdido uno de sus ojos y ahora era algo muy penoso regresar así Guatemala.
Era como si entre los dos o sólo Juan había planeado su muerte, las palabras de su hermano me dejaron helado, hablar de la muerte de su hermano como algo necesario, sin embargo, en el país más rico del mundo, Pérez no recibió la atención necesaria para salvar su ojo, ni tampoco para obtener un ojo artificial.
Recuerdo que se cubría la cuenca donde había estdo su ojo, con verguenza, y me parece que tenía constantes infecciones en la cuenca del ojo.
La atención médica no existe para los trabajadores del campo indocumentados, si alguien sufre un acciente se las tiene que arreglar solo, ni los contratistas, ni los dueños de los campos de cultivo les interesa la salud de sus trabajadores, y para muestra sobra el ejemplo de Juan Pérez, que murió en uno de esos campos en donde se cultiva la fruta y los vegetales que consume todo el país.
Dolores Huerta, líder de los trabajadores del campo en Calfornia, dice que luchaban y siguen luchando por una onza de dignidad para los trabajadores del campo.